Aprendo a volver a decir lo que siento,
¡Oh Dios! qué difícil es eso…
Al mismo tiempo, en tu aroma vuelo,
¡Buda mío! en qué cielo me he metido.
Quizá, si te cuento… que en tus ojos
me voy deshilando de a sorbo a sorbo,
sin embargo, intento resistir durmiendo
entre el aro y el oasis de tus rojos labios.
Si de perderse estamos hablando…
qué decir de la paz que me dan tus manos,
tan suaves, delicadas y traídas del Olimpo
que adornan cada centímetro de mi cielo.
Hasta donde mi alma ha llegado…
a un universo desconocido, envuelto
entre el aplauso de un inspirado teatro,
pero, yo prefiero el candor de tu abrazo.
Alan Gino