Arte de Gino

Hola! quisiera darte la bienvenida a este viaje, el viaje de la escritura y el sentimiento.
Abrochen el cinturón de seguridad que es un viaje al alma.
Alan Gino

martes, 20 de enero de 2009

En tus ojos se esconde el tesoro

En tus ojos se esconde el tesoro

Naufragaba en mi barco
con ayuda de la guía de un mapa,
cansado, con sed y sin nada para comer
me propuse abandonar mi estadía de pirata.

Ya había conseguido algún botín
pero ninguno me daba la satisfacción
por el cual me sumergía a la soledad,
necesitaba algo que borre mi razón.

Y en eso apareciste tu,
para borrarme mis ansias de pirata,
en tus ojos se esconde el tesoro
que quiero desterrar para borrar a mi soledad.
Esa sonrisa que cubierta de oro
no me deja pensar ya en salir al mar,
entre tus ojos esta lo que anhelo
ese fulgor verde que es mi tesoro.

En mis noches siempre brillaba
la lánguida monotonía del silencio,
pero basto con solo oír tu voz
para poder desenredar la madeja.

Ya no quiero perderme en la acera
Ese gris también estaba ceñido dentro mío,
Ahora encontré un motivo
Para dejar mi odisea de volver a ser pirata.

Y en eso apareciste tu,
para borrarme mis ansias de pirata,
en tus ojos se esconde el tesoro
que quiero desterrar para borrar a mi soledad.
Esa sonrisa que cubierta de oro
no me deja pensar ya en salir al mar,
entre tus ojos esta lo que anhelo
ese fulgor verde que es mi tesoro.




Alan Gino

Qué es el color

Ellos estan aunque no estés,
ellos hablan aunque no entiendas,
porque sé que ellos ven,
saben cuando estás en Hemidreas.

Siente la tristeza en tu reja,
quién te crees que eres para llorar,
si donde yo vivo eso no abunda,
es un mundo observador que nunca saber mirar!

Dime si ves en blanco y negro,
que mi color es producto de esta efimera modernidad,
y ahora te digo lo que veo
es color, pero un mundo de rojo, amarillo y soledad.

Alan Gino

Otoño

Ya te darás cuenta que el suelo
donde sueles pisar no es tan firme como parecía,
que los anhelos que sentías no son los mismos
a tu realidad y a tus palabras de fantasía.

Que yo tampoco soy el mismo,
porque el tiempo pasa y nosotros también,
te habrás dado cuenta que en tren no siempre
son los mismos aunque te pares en el mismo anden.

Los árboles me hicieron dar cuenta
que estoy en la pubertad del otoño,
por detrás de la ventana se ve el gris de la cuidad,
mi cama suena como el ocaso en un hospital,
y en cada paso rozo a la soledad.

Ya no hay solventes para borrar tus marcas,
y a ti se te nota que todavía
vives entre la guerra fría,
que te marchitas en tus sueños
y floreces cuando el primer rayo de sol da en tu faz.

La cuidad seguirá en movimiento,
seguiré viendo a través de un sexto piso
hacia la acera por si quizá te encuentro,
pero todas las tardes mi fe se muere
entre las nubes y las caja de metal.

Alan Gino

La Huida

La Huida.
Asoma el alba en la ciudad.
Ella tiene quince primaveras, pocas mentiras que contar, un cuarto con pósters del grupo pop de moda, un diario intimo que archivan fantasías.
Él y sus dieciséis agostos, tiene una nube que robo, un verso de Nirvana que vuela en la habitación, mientras la sueña escribe un poema que luego será suyo.
Ella va corriendo hacia el colegio, llegaba tarde, sólo quería saludar a su príncipe, es la hora del ingreso y él no había asomado en el mástil.
Él se queda dormido de nuevo, llega al colegio al mediodía para saludarla y pedirle disculpas, espera con ansias su vuelta, en la puerta del colegio, necesitaba verla, sentía que el fuego de un dragón le urgía por dentro para decirle que preparaba una huida. Ella sale sabiendo que él la estaba esperando, un mástil y el sol son los únicos testigos de este encuentro. Él le mira sus ojos y ve el mar, ella abraza su carpeta contra su pecho, mientas anémonas de nube acechan la ciudad, él le dice que quiere comparar sus ojos con el mar, ella le confiesa que nunca a oído el rugido de las olas.
El dice que se quede tranquila, la acompaña a casa y le da un beso, el se marcha con la soledad de estar sin ella y la alegría que sabe que su corazón esta en sus manos.


Como cada día la ciudad se paraliza porque él la iba a encontrar, es el mástil que le gustaba ser testigo de esto que era un amor furtivo, él venia con su alma en un pañuelo y con el auto de papá. Ella lo ve y se sorprende, él se baja, le da un beso, le dice “ sube al barco, esta es la huida que te prometí”, ella confía en él, se sube y se marchan en una ruta de cinturas, el pone una música suave y mira al horizonte, ella mira por la ventana, ve árboles que florecen por la primavera, mira hacia el interior del coche y sus ojos celestes de mar se quedan en el rostro de el, queda perpleja, siente que es feliz.

Llegan para la tarde, apagan los celulares, los llamados de los padres empiezan a rugir, ninguno de los dos quieren que este momento lo enchastre cualquier barro, él le dice a ella “este momento es de los dos, que los demás aguanten” y le sujeta la mano bien fuerte, como diciéndole que nunca se vaya a su lado, ella siente como su piel le tiembla.
Él para el auto enfrente del mar, las arenas están desiertas, las anémonas de cielo revolotea por encima del mar. Cae el ocaso del cielo, ella abrazada a los brazos de el mira con profundidad el mar, siente de sus ojos caer una lagrima, el la mira, le roza con sus dedos la mejilla, le quita la lagrima y le pregunta “Qué pasa, amor”, ella le contesta “lo que pasa es que soy feliz”, él le da un beso, se escucha entre los gemidos de las olas como laten dos corazones al compás del amor. Comen algo, entran al auto, ponen música suave, como ella le gustaba, sintieron la sal del mar en el aire, respiraron su riqueza, su melancolía, su novela, su arte. Él mira a ella, siente un sismo en su pecho, no aguanta más su amor, le agarra la mano a ella, le promete que este ocaso nunca va a terminar, ella se pierde en sus palabras, sus ojos que están partidos en millones de cristales solo logra decir unas palabras “contigo soy feliz”, él la besa. El auto se inundo de caricias, la única forma de contaminar eran los suspiros, no valía otra cosa que no sean besos. El único testigo de la huida de estos dos enamorados, quizás mañana los trague el pavimento o quizás en sus cuerpos nazcan olas y nunca desaparezcan la sal que desprenden sus manos, para poder cicatrizar heridas, lo importante es que en este arte que hay en el auto los dos sienten que son felices, y el mar es el único testigo, la luna se tapo los ojos, dio un paso atrás para que ella sea la protagonista de la noche. A las horas salieron del carro, fueron a visitar de nuevo el mar, se quedaron pensando si le dolería a las rocas cuando se enoja el mar, mientras tanto en la ciudad ardían los teléfonos y el azul sin nubes intentaba atraparlos.

Volvieron al auto, después de la cita con el mar, se abrazaron, ella queda en los ojos de el, y el naufrago entre los labios de ella. “Quién fuera poeta para escribir esta historia” dice el, ella que sigue escuchándolo, el le susurra al oído “Para mi corazón bastan tus ojos, para tu libertad bastan mis alas, este fondo no es lo mismo sin ti, hay millones de anocheceres que acaban en ti”
Ella sintió que entre las ramas de los brazos de él se podía proteger del viento, se acomodo a los recovecos del pecho del muchacho y quedo dormida, no podía soñar, ya que el sueño lo estaba viviendo. El se quedo abrazándola, tuvieron una cálida tertulia en los labios de ella.
Sucumbe afuera un sol que la acera quiere ser arena, la arena sueña con ser mar, y su majestad ser lluvia. Allí dentro del auto, los cables se enlazan, la ropa usada de almohada esta en cualquier lado, esta noche se cambiaba una prenda por una cucharada de amor. El se levanta primero, se queda contemplando la belleza de ella, sueña con no dejarla ir nunca, “duermes, que en tus sueños yo quiero ser guardián, por si viene alguien a sacarte de aquí” le dice entre el rumor de las olas, ella se levanta, despeinada como la tierra, pero más reluciente que los Jardines colgantes de Babilonia, ella era la emperatriz del día. Se quedan trenzados entre sus cables mirando el último gesto del mar y se proponen volver al ruido y pavimento. En el viaje él mira el horizonte y mira a ella, sintió que pudo comparar sus ojos, la agarra de la mano, para en una banquina y le dice “tus ojos y el mar ayer los pude comparar, pero yo me quedo con tus ojos, prefiero nadar en los tuyos”. Ella se aferra bien fuerte de su mano, con una lagrima en sus ojos le dice “te amo, contigo soy feliz”, él la besa bien fuerte a ella, ella siente que el volcán en su pecho va a erupcionar.

De vuelta a la ciudad, no esta el rugido de la sal, sólo la lluvia es la que humedece el alma, entre el cemento y los edificios sienten que esta huida se marchito, pero que las flores están abiertas en sus interiores. Él la lleva a la casa a ella, le da un beso y espera que entra, ella con un cierto dejo de temor al llegar a su hogar, entra y estaban los padres desesperados, él va a su casa, siente que su corazón va a estallar cuando llegue y se enfrente a sus padres. Las palabras que difunde el tren no eran capaces de tapar los gritos y golpes que habían en esas dos casas, los viejos le negaron las salidas, los padres no entendían porque se marcharon, a él no le dolían los gritos y mazazos, sino el poder no verla a ella, porque sabia que los viejos de ella eran muy estrictos.

Paso un año de esto, él no vio más a su princesa, se quemaron los poemas, no hay poema si no existe musa a quien se la dedica. Ella que no conocía el mar, vio la primera vez con el, sintió que el mar y sus ojos estaban impresos en una misma hoja.

Cómo puede existir la tierra, cuando dos aves quieren contemplar el cielo.
Se muere otra nube, una ola se rompe con fuerza contra las rocas, sólo quedan recuerdos, gélidas tuercas y tornillos que nunca más fueron cóncavos y convexos.
Ella se pregunto que era estar viva, él en su espacio volaban melodías de nostalgia, quizás el futuro les encuentre, quizás el mar vuela a pintar un cuadro expresionista donde los cuerpos se funden entre si, pero hubo miles de anocheceres que acabaron sin ti.
El presente es moribundo, pero el viento trae un cuadro.
Él para el auto enfrente del mar, las arenas están desiertas, las anémonas de cielo revolotea por encima del mar. Cae el ocaso del cielo, ella abrazada a los brazos de él mira con profundidad el mar, siente de sus ojos caer una lagrima, el la mira, le roza con sus dedos la mejilla, le quita la lagrima y le pregunta “Qué pasa, amor”, ella le contesta “lo que pasa es que soy feliz”.


Alan Gino.

Esta noche vuelvas

Esta noche vuelvas

Sabias que los días pasan lento,
secando todo a su paso,
hasta la humedad de tu recuerdo
absorbio hasta dejar mi cuarto raso.

Sabias que lo dificil no es un te amo,
sino un perdoname, necesito de ti,
mi camino no se hace de uno,
la acera tiene tu molde,
en su diccionario no existe la lid.

Sabias que cuando acechan los lobos
yo me quedo bajo la sabana
por si aparece tu rostro triste
para poder proteger bajo esta lluvia.

Desde que te fuiste la mañana duerme
y las noches eternas compañeras,
te dí lo que tuve a mi alcanze,
añoro que esta noche vuelvas.

Todo el espectaculo se derrumbo,
los sueños quedaron en stand by,
pero al escribir esta canción
sueño que esta noche vuelvas.

Alan Gino

No te pierdas en ese horizonte ( Letra a un gran amigo)

No te pierdas en ese horizonte.

Te encuentras y te pierdes
de nuevo sin querer recibir ayuda,
estás atado a una roca que se quiere marchar
pero ella es la guia en tu bruma.

El mar rojo se pierde
en aquel horizonte que tu trazaste
,comercializaste tu inpiración
en aquel lavabo donde tu amor aspiraste.

Yo no puedo hacer nada,
si tu no tienes alma
yo no puedo guiarte,
tengo mi mano para que te agarres,
para que no tengas miedo
que en mi puedes treparte,
que no te dejaré caer,
pero no te pierdas en ese horizonte.

Yo no soy Dios para liberarte,
yo no conozco esa dulce locura que tu dices,
no me pierdo en una mirada sin mirar,
no quiero que sientas temor en tus narices.

Tus llagas las quiero curar,
que no has tenido culpa
de la historia que te toco escribir,
que siempre habrá un alma que escuchará.

Yo no puedo hacer nada,
si tu no tienes alma
yo no puedo guiarte,
tengo mi mano para que te agarres,
para que no tengas miedo
que en mi puedes treparte,
que no te dejaré caer,
pero no te pierdas en ese horizonte.

Alan Gino

Módico precio

Módico precio.


Una de tantas noches
en las calles de Buenos Aires,
entre champán y risas
ingrese en aquel garito donde
se alquilan besos y caricias.

Me atendió una voz
diciéndome que el cielo tiene precio,
todo era sombrío allí dentro,
mientras que la cuidad quemaba
el alma de los desahuciados.

De pronto una luz cegadora
me invito a pasar a su luna,
me bastó un segundo para descubrir
sus alas, ella me dijo que me calmara,
que el cielo estaba próximo a mí.

Entre el susurro de una canción,
me dijo que hacia mucho que estaba allí,
que quería cambiar su orbita
pero no encontraba todavía su sol,
que el amanecer la dejaba melancólica.

El suspiro de un mar inundaba
los rincones del cuarto,
le pregunté si quería venirse conmigo,
que afuera había razones para vivir,
que una de ellas era construir con un poeta el camino.

Quién iba a saber que por un módico precio,
se iba a encontrar lo que uno anda siempre buscando,
que cuando oscurece en la cuidad
en un garito céntrico hay una luz cegadora como el sol.
Cuánto vale el amor de una noche,
si a veces gastamos más en algo que no es
y yo esta noche me enamoré
por el módico precio de los ojos de una mujer.

Me la quise llevar esa noche,
pero quedo en llamarme otro día,
me dio un beso cálido y se la trago la oscuridad,
yo seguí con algunas risas de compromiso
y champán sabiendo que volvía a mi ebria soledad.

Quién iba a saber que por un módico precio,
se iba a encontrar lo que uno anda siempre buscando,
que cuando oscurece en la cuidad
en un garito céntrico hay una luz cegadora como el sol.
Cuánto vale el amor de una noche,
si a veces gastamos más en algo que no es
y yo esta noche me enamoré
por el módico precio de los ojos de una mujer.



Alan Gino
Poesía I ( Yo te sigo amando)
Yo te sigo amando.

Yo te sigo amando,
aunque pase la vida y tu me niegues,
tu esteraste en mi amor
y ahora te tengo en mis genes.

Yo te sigo amando,
en mis noches frías que paso
en mi morada de mayo,
donde mis sueños de amor no son escasos.

Yo te sigo amando,
en mi barco, en mi mar o en el cielo.
En mi agua bendita que susurra
que tu vuelvas a mi lado que te anhelo.

Yo te sigo amando,
aunque tú ojos de Luna me ignores
como lo hace el Sol a la mar
yo seguiré luchando en mis albores.

Yo te sigo amando,
porque tu medraste en mí locura,
y aunque tu barco no este conmigo
yo te sigo extrañando con mesura.

Yo te sigo amando,
en el lado más bonito del amor
porque tu me hiciste ver la luz
en mis momentos de mucho temor.

Yo te sigo amando
aunque tu seas tiesta en amarme,
en ti nací como persona
y en ti quiero ahogarme.

Yo te sigo amando,
porque te añoro en el invierno,
y aunque tu no lo mires
Dios me dijo que tu eras mi destino.

Yo te sigo amando,
qué importa si pasan abriles sin besarte,
yo con solo pensar en ti
me conformaré con solo mirarte.

Yo te sigo amando,
en el crepúsculo de mi corazón,
donde no hay clima de soledad
porque tu navegas a propia razón.

Yo te sigo amando
porque lo quisiste así
y ahora me tienes enamorado
y no quisiera separarme de ti.

By Alan Gino.

Tu Sal

Tu sal
Llegas a mi como la espuma de mar,
me persigue tu marea, no me deja pensar.

Te encuentrás en lo lejano del horizonte
pero las olas te devuelven al ADN de mi mente.

Aquí el silencio deja ver tu calma,
la naturaleza es sabia, no te deja salir de mi alma.

Quizás esta noche me convierta en arena,
mi sol se apaga, sòlo tu sal cicatriza mi pena.

Estás rocas no pueden prosperar al querer pasar tu portal,
mis ojos tiesos que sufren por tu habita natural.

Alan Gino

Maldito Lunes

Maldito lunes.

Recuerdo que había un programa de televisión que se llamaba Maldito Lunes, se emitía los lunes (vale la redundancia) a partir de las diez de la noche, en cambio el final del mismo era para mi una incógnita que nunca podía descifrar porque el sueño vencía en la escaramuza a mis ojos.
Los lunes siempre fueron malditos, llegan después del pacifico domingo, en realidad empieza asomar el “primer” día de la semana cuando llega el ocaso del color rojo del calendario. En el lunes vuelven las responsabilidades, levantarse temprano, verle la cara de idiota al jefe, padecer los transportes públicos, sentir al infierno mismo cuando te agarra el embotellamiento, lidiar contra el apuro de la gente empeñada en sucumbir a los pies a lo que llaman los expertos la “enfermedad del siglo XXI”.
Pero también tiene su lado positivo el agosto de la semana, son motivos de risas, el lunes juega como periódico para publicar las hazañas y fracasos del sábado, comentar los goles del fulbito del domingo y pensar la cargada para el amargo hincha de River y sufrido de Racing.A mi el lunes me sorprendía con la novedad de que esos bares donde frecuento cierran por melancolía, pero si bien eso provocaba en mí un gran sopor, podía fagocitar ese contratiempo con total holgura, hasta que en ese maldito lunes coincidí contigo…

Una mujer de un par de mayos mas que yo, que sus huellas se tatúan en la arena, de tez blanca y piel fresca y suave como una amapola, dispuesta a regalar sonrisas, de los ojos de color de Luna, frágil como el cristal, resistente con sus ideas como lo hace el sol con las nubes, pero que en su cuerpo se encuentra tal misterio que hasta el propio Indiana Jones moriría por averiguar.

Una vez leí que el amor tiene fácil entrada y difícil la salida, que el amor verdadero es a primera vista yo no creía eso, pero ahora pregunto ¿Acaso existen otros?Desde ese día que espero con total ansias que los casilleros lleguen a las cruces marcadas, eso me avisara que la volveré a ver, aunque sea un simple espectador.Existió una edad de oro cuando el oro no existía, ahora esa época ella lo puede vender con la premisa de satisfacer al cliente.

Volvió a emitirse “Maldito Lunes” a las diez de la noche justo cuando yo salgo de clases. Pura coincidencia…

Alan Gino