Ya te darás cuenta que el suelo
donde sueles pisar no es tan firme como parecía,
que los anhelos que sentías no son los mismos
a tu realidad y a tus palabras de fantasía.
Que yo tampoco soy el mismo,
porque el tiempo pasa y nosotros también,
te habrás dado cuenta que en tren no siempre
son los mismos aunque te pares en el mismo anden.
Los árboles me hicieron dar cuenta
que estoy en la pubertad del otoño,
por detrás de la ventana se ve el gris de la cuidad,
mi cama suena como el ocaso en un hospital,
y en cada paso rozo a la soledad.
Ya no hay solventes para borrar tus marcas,
y a ti se te nota que todavía
vives entre la guerra fría,
que te marchitas en tus sueños
y floreces cuando el primer rayo de sol da en tu faz.
La cuidad seguirá en movimiento,
seguiré viendo a través de un sexto piso
hacia la acera por si quizá te encuentro,
pero todas las tardes mi fe se muere
entre las nubes y las caja de metal.
Alan Gino
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