Arte de Gino
Abrochen el cinturón de seguridad que es un viaje al alma.
Alan Gino
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Mi ciudad
que brotaba dentro de tu alma,
y ofrecí mis brazos para que en tu cuerpo
vuelva a reinar la esperanza y la calma.
En tus ojos pude observar mares
que chocaban contra las rocas más ásperas
y me ofrecí como cuerpo de lucha contra ellas
para que se borren de tus caricias las espinas.
Ya no serás soledad, te prometo otro paisaje,
tengo una ciudad que construí para que llegues al fin,
calles con nombres de músicos y un cine sideral
donde brillan las estrellas, falta nomás un abril.
Esta ciudad donde la monotonía no juega,
el cielo es un espejo para que fulgure tu belleza,
y colchón relleno de algas para crear arte,
sólo falta a esta ciudad alguien como tú...una princesa.
En esta ciudad la acera está hecha de caricias,
la distancia se cuenta solamente con besos,
y hay rosales por donde quieras ver,
el único valor que se rige en mi ciudad son los suspiros.
Esta es mi ciudad, la que te estoy contando,
tengo los pasajes ya emitidos para ti,
quiero que sepas que es difícil poder escapar
porque aquí serás reina, y sólo falta un abril.
Alan Gino
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Tantos años
la luz para darle fin a este tormento,
tantas actuaciones fingiendo risas
arriba del escenario pensado que era el momento.
Del vino más barato al más caro whisky,
de aquellas barras sucias y camas ajenas
con la cofradía de reproches que encerraban
al alcohol y tanto dinero invertido en mujeres de nadie.
Jamás imagine que lo pensado nunca sucede,
que hay que dejar colgar el alma al viento
y ahí él sólo te llevara a esa luz que contagia
a la luna y manda al eterno letargo al sol.
Y en una noche de exceso rutinario
me deje alumbrar por una luz en la oscuridad,
no recuerdo si ella sabia mi nombre,
pero yo sabía el suyo al imaginarla en mis sueños de soledad.
Entre compases de quién sabe qué,
nuestros cuerpos se enlazaron en música,
para ser sincero, el baile no es mi fuerte,
pero en ella se amoldaba cada nota en su sonrisa.
El humo de flores contaminaba al salón,
aunque se podía divisar bien su figura,
la luz que desprendían sus ojos
clarecían mis tinieblas con total holgura.
Por la luz que concedió en mis pasos
intente con mis manos ahuyentar al frio,
el temporal gélido se esforzaba por apagar
las llamas de lo que busque en vano por tantos años.
Alan Gino
miércoles, 7 de octubre de 2009
Labios que arman guerras
seguir corriendo para no sufrir
o soportar contigo el sopor de saber
que mi alma al amanecer volverá a morir.
En mi plaza siempre es jueves
marchando contra tu recuerdo con dolor.
Dicen que es mejor morirse
a quebrarse, ¿pero esa persona vivió el amor?
Tu voz sigue retumbando en el neceser,
pero paso tanto tiempo que me cuesta
descubrirla y a veces te confundo entre whiskys
y otras yerbas que me dejan al otro lado de la acera.
Ya paso algún tiempo desde tu adiós
y cada vez se dificulta más encontrarte,
por eso sigo buscando en otras almas
lo que en ti perdí, lo que jugué contigo y regalé.
Ya tiene final la noche, hallé mínimas cosas
que me hacen más feliz que recordarte,
tiene nombre y apellido, caricias de mantel,
y labios que arman guerras al besarte.
Ojos que dejan ciego al propio ciego,
una silueta que hace quebrar a empresas
y esta vez no voy a dejar pasar al tren,
además labios que desatan las más feroces guerras.
Alan Gino
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Quise anular con tus ojos.
De opaco aspecto, casi lúgubre.
Quién habrá sido el dentista
Que destripo los dientes a las nubes.
Los agostos que quise anular con tus ojos,
Pero nunca pudieron romper con tu frontera,
Y ahora me dices que yo tuve culpa,
Te fuiste antes de sentir el brillo de tu espalda.
Fuimos jóvenes, tu hermosa, yo risueño,
En lo oscuro del cine encendimos luces
Que sirvieron para contemplar sueños
Y susurraban melodías de adolescencia en hoteles.
La herrumbre de los años te respeta,
Tú sigues igual de bella, yo sigo con mi afición de escritor
Y me siguen echando de bares, empapado de alcohol,
Observando tú figura entre las enredaderas del humo.
Alan Gino
martes, 29 de septiembre de 2009
Ser uno más del mantel
que cumplir para ser digno,
tantos vuelos tengo que suprimir
para ser uno más del plato.
Mi imaginación queda impresa,
todo lo que soñé se derrumba ante él
porque solo sirve tu productividad
y eso te hace ser uno más del mantel.
No quiero volverme monotono,
no me siento conforme con ser
un número más de una red,
de tener que guardar mi inspiración
dentro de una caja de recuerdos
porque en este mundo lo único
que vale son tus bolsillos
y no lo que eres dentro de tu corazón.
Estamos encarcelados dentro de él,
nos vaciamos por un misero papel
y no tenemos en cuenta el verdadero
placer que es mirar los ojos de una mujer.
Pobre son los hombres que mueren
por una causa que no sea el amor,
quién es más loco el que mira la luna
o los que pelean por un oro que no sean tus ojos.
No quiero volverme monotono,
no me siento conforme con ser
un número más de una red,
de tener que guardar mi inspiración
dentro de una caja de recuerdos
porque en este mundo lo único
que vale son tus bolsillos
y no lo que eres dentro de tu corazón.
Alan Gino
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Esperaré sentado
tiene aroma a sublime,
cada palabra o letra tuya
o solamente saber que estas
lejos pero cerca de mi mente.
Cada noche sueño contigo,
ya no sé que hacer para contener
estos deseos de verte y rozar tu mano,
los ademanes de cruzar mares
solo por mirar tus ojos que fulguran en la noche.
Esperaré sentado viendo tu amanecer
para que veas que puedes confiar en mi,
que no te fallaria y contigo volaria de la mano
hasta llegar a otro universo, que seria feliz
solo escuchanzo tu voz y no me interesaria
nada más que estar contigo.
Dejate convencer que yo soy el indicado,
no te arrepentirás de mirarme
que cada caricia a tu piel seria dada
con mi vida y mi alma entera
que no quiero morirme sin conocerte.
Dejate convencer, yo te cuidaria
más que a mi vida misma,
quiero llegar al cénit de tu ser,
no ves que no puedo más si no estás,
por ti cambiaria, seria tu anochecer.
Esperaré sentado viendo tu amanecer
para que veas que puedes confiar en mi,
que no te fallaria y contigo volaria de la mano
hasta llegar a otro universo, que seria feliz
solo escuchanzo tu voz y no me interesaria
nada más que estar contigo.
Alan Gino
lunes, 10 de agosto de 2009
Quedan recuerdos
cada día el mar se hacina.
Recojo del rocío las lágrimas
que deja la noche por tu despedida.
Ya no oigo los pasos del pasado,
todo se cubrió de una espesa niebla gris,
cada recorrido que hacía abordo
de tus brazos se marchito junto a mí.
Y ya quedan recuerdos, solo eso,
quién pudiera sacarte de aquí,
si mi identidad quedo naufragando
en los resquicios que dejo tu partir.
Sombrías nubes se cuelan de mi ventana,
no deja pasar ningún haz solar,
quede totalmente a oscuras cuando
tu cortaste las alas de nuestro volar.
Ya ni siquiera estás cerca,
cada vez te encuentro más lejos,
y tu crees que yo te deseo lo mismo
que un ratón a su incitante queso.
Ya no vuelan margaritas en mi jardín
pues mi fe no hace crecer flores,
tampoco hay pinturas con notas,
tu te llevaste mucho más que lo que pensaste.
Y ya quedan recuerdos, solo eso,
quién pudiera sacarte de aquí,
si mi identidad quedo naufragando
en los resquicios que dejo tu partir.
Sombrías nubes se cuelan de mi ventana,
no deja pasar ningún haz solar,
quede totalmente a oscuras cuando
tu cortaste las alas de nuestro volar.
Tu que con lo que exhalas
me puedes cubrir la noche de luz,
yo que para vivir necesito reciclar
tus recuerdos en mi espejo azul.
Alan Gino
miércoles, 29 de julio de 2009
La luz eres tú, rubia.
Más precisamente en la verdulería de Marcelo.
Busqué en Google para constatar la buena nueva,
Pero allí nadie decía nada al respecto.
También busqué por Facebook
Por si la estrella que vi con tonalidad clara
Tenía nombre, pero tampoco encontré nada.
¿Serás de esos sueños? Porque no quiero despertar, rubia.
Ahora que no puedo dormir,
Porque mis lentes no pudieron filtrar
La luz que desprendía tu rostro,
El cristal opaco mermo en tu mirar.
Ese haz que no pudo contener,
Dio directamente en mis ojos,
Desde aquella tarde no logro ver el día,
Nomás que tú aparezcas, rubia, en alma y cuerpo.
¿Cuál será tu nombre?
¿Compartes la humedad? ¿En qué rio nadarás?
si tu luz hizo olvidar el mío,
¿Dónde habitaré yo? ¿Volveré a morir lejos de tu frontera?
No le puedo poner título a esto,
Porque no aprendí todavía el tuyo,
Quisiera poder compartir una cerveza contigo,
Y saber si un poeta puede entrar en tu camino.
Alan Gino
domingo, 26 de julio de 2009
Dime
o acostada en esta hora de la madrugada.
Dime si cuando sueñas
yo estoy presente o soy una vil pesadilla.
Yo acuchillo estrellas
a cada paso en la oscuridad,
mientras que el silencio no me habla
yo descifro a mi soledad.
Dime si te rozan el alma
o sigues buscando a la brisa.
Dime sólo una vez si pensaste
que yo era el indicado para besarte.
No quiero seguir en este tormento,
quiero gritar al cielo que ya no te necesito,
pero te sigo esperando en cada amanecer
preguntándome sí algo te queda de mí en tu ser.
Alan Gino
jueves, 23 de julio de 2009
El Sol
cuando al amanecer me rozaban sus manos,
lo que sucede es que afuera es de noche,
y aquí dentro donde posan tus ojos da el sol.
Tu sonrisa es de archivo,
no se parece el suave gemido del mar,
desde tu cabello hasta tus pies regalas arte,
y yo como pseudo escritor te quiero contemplar.
Quizás este sea uno de esos sueños,
quizás la noche no sea noche,
sólo sea un espejismo de mi oscuridad,
quizás no seas real, ¡pero de este sueño no quiero despertar!
Alan Gino
sábado, 4 de julio de 2009
El ocaso vuelve
A veces pasa que el silencio
me habla y no lo puedo escuchar,
que el sonido que desprendía tu boca
se ahogo por la sequía que dejo el mar.
No hay arroz para inflar el pasado,
menos que venga para volverte a mi cama,
la cinta de tu pelo que amarraba al tiempo
se fue y con ello la esperanza del alma.
Y ahora que el ocaso vuelve,
me encuentra desprotegido,
con tantas mascaras cubriendo bocas
y que no me deja ver la tuya,
y ahora que no me envuelves,
que todo que esta marchito,
la tormenta se escucha entre las mentiras
y entre tu la más linda.
Mi anhelo no lo escuchas,
el sueño de volverte a ver
queda ceñido en la oscuridad,
ya no existe la luz en el amanecer.
Este corazón que no late,
que grita por ti y tu nada,
cómo le explico que te fuiste
que ya no te vera en la almohada.
Y ahora que el ocaso vuelve,
me encuentra desprotegido,
con tantas mascaras cubriendo bocas
y que no me deja ver la tuya,
y ahora que no me envuelves,
que todo que esta marchito,
la tormenta se escucha entre las mentiras
y entre tu la más linda.
Alan Gino
lunes, 22 de junio de 2009
Cronos escucha
el tiempo y me de tiempo para verte más,
que no llegue ese bus que te dejará
en tu ciudad y a mi de nuevo en soledad.
Cronos escucha por favor mis suplicas,
no quiero que ella se aleje de mí,
que se paralice las calles y tus agujas,
el invierno sacude a este desierto hostil.
Volveré a escribir poemas sin amor,
cuando hablo de cosas que no estás tu,
qué será que nunca encuentro el crepúsculo
para poder ver tu sonrisa azul.
Reloj no cruces la frontera,
quiero naufragar un poco más en sus ojos,
terminar en un firmamento sin gotera,
tener una escaramuza de besos y abrazos.
Dónde estás Cronos, que no te encuentro,
siento llegar el adiós y con eso
otro puñal clavado en el corazón,
quizás sea el destino de un poeta de amor.
Alan Gino
Un perdedor
parecía que iba a suceder lo que el destino
tiene preparado para mi y amigos,
un oscurecer borracho, moribundo y en soledad.
Camino al baño, en los momentos
donde uno zozobra en dejar o seguir,
revoleé ojos en busca de ser un mártir,
como un tigre en busca de los alimentos.
Pero a veces que la razón no participa
y en eso me basto un segundo para hallar
entre la gente tu silueta al bailar,
tardé en penetrar mi timidez repentina.
Tomé el valor en dos copas de vino,
me acerque a ver tus ojos más cerca,
por fin llega la bendición a mi puerta,
aprendí tu nombre antes que tú el mío.
Mi mano se escondió en sus manos,
"quieres bailar conmigo" pregunté,
"no puedo" lo que contesto la mujer,
fue un baldazo de agua contra mi cuerpo.
Volví a retomar mis pasos,
cabizbajo, más viejo y más alcohólico,
dónde será que tiene ese reo vino
que me deja olvidar lo que soy, un perdedor.
Alan Gino
Lo que hay que hacer
Tu figura se recorta en la noche,
tantas miradas se convergen
en la generosidad que da la gravedad
en tus pechos y la deidad
que se transforma en tus caderas.
Si dos ideologías dividieron
lo que hoy llamamos "mundo",
tus ojos cuántas almas mató,
mujer que sabe enlazar los sueños
aprendí que es imposible ser tu dueño.
Lo que hay que aguantar.
¿Qué feromonas exhala esta señora,
que a todos enamora?
Lo que hay que hacer.
QUé hay detrás de ti,
que se parece mucho al mes de abril
Lo que hay que hacer.
Mis manos inquietas que
sueñan con naufragar en tu silueta,
no quisiera compartir este deseo,
pero sé que es fácil que otro
anhele lo mismo cuando yo no este.
Soy afortunado de verte,
aunque en este instante
te este besando otro hombre
y yo quede sediento al costado
de la ruta que ahora no sé su nombre.
Lo que hay que aguantar.
¿Qué feromonas exhala esta señora,
que a todos enamora?
Lo que hay que hacer.
QUé hay detrás de ti,
que se parece mucho al mes de abril
Lo que hay que hacer.
Alan Gino
Tenerte aquí
saldría a robar bancos por las mañanas,
pues tenerte dentro de mi cama
es la mejor paga que tiene mi alma.
Si tenerte aquí es cuestión de versos,
robaría sin escrúpulos a los poetas,
ellos me darán la razón en esta cruzada,
tan sólo añorarte me deja sin palabras.
Si tenerte aquí es cuestión de caminar,
caminaría hasta Europa nadando contra olas,
si fuera tan fácil tenerte no estaría así
extrañándote de a montones por dibujar tu cara.
Qué no daría yo para sentirte una vez más,
aunque sea para que te alejes de mi,
que no entregaría yo por verte desnuda
con el cabello mojado sobre la almohada.
Si tenerte aquí fuese un asunto de estado
le declararía la guerra a quien fuera,
tengo un corazón e ilusiones para defender
y el recuerdo de tus besos para atacar.
Si tenerte aquí es cuestión de noches,
le cortaría la luz al sol así va a su cuna,
tus ojos bailarían al ritmo del viento
y cerca del haz provocarías un eclipse de luna.
Qué no daría yo para sentirte una vez más,
aunque sea para que te alejes de mi,
que no entregaría yo por verte desnuda
con el cabello mojado sobre la almohada.
Alan Gino
Desconocida conocida
La noche azul inundo el cielo,
Pareció que la luz se había despedido
Cuando esa Luna dio el portazo
No pudo con su melancolía,
Por eso este adiós.
Era inevitable ver caer la bruma,
Todo sucumbía bajo sus pasos,
Empezaron las flores a arder entre el níquel púrpura,
Desde cuándo sentir esta prohibido.
La luz se perdió con mi cordura.
Con mi sonrisa natural
Y mis miradas sobrevolando el bareto
Me borro mi recuerdo tu luz cegadora,
Fueron disparos de nieve
En mis retinas arrebol por el humo del coral.
Sentí la necesidad de conocer a la desconocida,
Poder revelar esta noche ese misterio,
De repente su voz cantaba en mis oídos,
Decidí por vez primera que el alcohol
No podía resumir esta vez su rostro.
En el neceser no tenía nada igual,
Esta vez la cerveza no me dejo ebrio
Como si lo hacían tus ojos,
Poco a poco fui consumiendo su arte
Hasta llegar a pensar en sus labios.
Qué andabas haciendo hasta que te encontré,
En tus manos supe lo que era libertad,
Aunque digas que no te gusta estar presa,
Puedo inventar un universo para dos,
Qué más da, si tú eres lo que quiero soñar.
En tu piel se esconde el mar donde quiero naufragar,
Pensar en una conocida desconocida es una utopía,
Ahora la noche azul se disipo y ese haz
Que envuelvo tu rostro ilumino la oscuridad,
Desconocida conocida no puedo borrar de mí tu faz.
Alan Gino
sábado, 14 de marzo de 2009
Nací para amarte
Te conozco antes de nacer,
puedo ver los albores de tus lágrimas.
Me refugio en ti como el sol a la luna
y ahora puedo decir tú eres mía.
Desde que uso la razón
solo me fije en ti.
El cielo tenía predestinado
un lugar VIP para ti y para mí.
No puedo dejar de ver tu rostro,
de escuchar tu voz sensible,
de sentir tu cabello que moja el viento.
No logro despejarte de mi mente,
tus caricias me hacen falta cuando
no te tengo cerca mió,
tu persona me fascina cada instante,
eres él porque de mi vida.
Dos palabras caben en mi ecuaciónte amo,
te amo desde ayer,
te amo hasta el fin de mi ser.
Te amo porque nací para amarte
mujer mía, mujer de mi vida,
que no se apague mi sol
que esta vida es solo para nosotros dos.
Alan Gino.
Poesía para Gonzalo Nosito y su relación con Ivana.
Si yo fuera él
te devolvería la sonrisa,
si yo fuera él
no te perdería en la brisa.
Si yo fuera él
no te haría sufrir por mis mentiras,
si yo fuera él
te amaría hasta llegar a la locura.
Si yo fuera él,
pero no lo soy y tengo que verte desde afuera,
tengo que conformarme que tuve tus besos,
pero nunca fui el dueño de tu corazón.
Si yo fuera él
te hubiera llevado a vivir a las estrellas
y no de turismo por algunos segundos.
Si yo fuera él, pero no lo soy.
Si yo fuera él
te hubiera formado un universo de besos,
si yo fuera él
no hubieran existido tus lágrimas lánguidas.
Si yo fuera él
hubieras vivido eternamente en mi morada,
si yo fuera él
los dos hubiéramos tenido el alma enamorada.
Si yo fuera él,
pero no lo soy y tengo que verte desde afuera,
tengo que conformarme que tuve tus besos,
pero nunca fui el dueño de tu corazón.
Si yo fuera él, pero no lo soy.
Alan Gino
Letra añeja.
Entre lágrimas te amo
es sensación a abril.
Siento como la soledad
se aleja de mí para no volver.
Perforé a la melancolía
y ahora encontré de nuevo la pasión.
Se marcho el invierno
hoy medran las flores del corazón.
Eres la Luna dulce
que me protege en mis sueños.
Eres el ángel que cuida mi alma
una revolución de amor en mi morada.
Me derretí en tus ojos,
me perdí en tu voz.
Me rebaje como hombre,
pero me eleve como enamorado
al decirte entre lágrimas te amo.
Me había cansado
de escribir por tristeza sola.
Ahora vuelvo a la poesía de amor
porque encontré a la niña más bella y dulce que hay.
Me derretí en tus ojos,
me perdí en tu voz.
Me rebaje como hombre,
pero me eleve como enamorado
al decirte entre lágrimas te amo.
Alan Gino
Tiene dos años esta letra.
martes, 10 de marzo de 2009
Otro día más
Salgo para ver como esta el clima en la acera, observo que el sol juega a la escondida detrás de los muros blancos, la temperatura es agradable aunque me da algún picazón en mi nariz producto de mi alergia sin tratar.
¿Qué pasara hoy? –pienso- mientras siento el sonido del vacío que viene hacia mi a gran velocidad, eso me da cuentas que estoy yo conmigo mismo, no entiendo porque tanta gente dice que estar con otra persona significa la felicidad pura sin saber de lo que se gana conociéndose uno mismo, sin escuchar otra voz que no emite mi garganta.
¿Otro día igual que el de ayer? –me pregunto- quizás si, pero tengo la esperanza de cruzarme con la sorpresa, la improvisación de una sonrisa.
¿Cuánto me amo? – lo analizo y respondo- lo suficiente para brindarme mis gustos, mis caprichos, mis borracheras, mis risas, las mil anécdotas que me regalo para mi soledad.
El ficus de la entrada me otorga otra carcajada, esa libertad que le proporciona a mi mente rompe con las fronteras de seriedad que tienen agujas del reloj, me transporta a otra realidad que yo quiero contar.
¿Quién es más loco? – y pregunto al que lee- Él que vive en una realidad que es pura fantasía o él que en su fantasía forja su realidad.
Tan sólo quiero escuchar un tema más, ya me terminé de bañar, salgo a la calle a zapar un día más, otro día más.
Alan Gino
martes, 20 de enero de 2009
En tus ojos se esconde el tesoro
Naufragaba en mi barco
con ayuda de la guía de un mapa,
cansado, con sed y sin nada para comer
me propuse abandonar mi estadía de pirata.
Ya había conseguido algún botín
pero ninguno me daba la satisfacción
por el cual me sumergía a la soledad,
necesitaba algo que borre mi razón.
Y en eso apareciste tu,
para borrarme mis ansias de pirata,
en tus ojos se esconde el tesoro
que quiero desterrar para borrar a mi soledad.
Esa sonrisa que cubierta de oro
no me deja pensar ya en salir al mar,
entre tus ojos esta lo que anhelo
ese fulgor verde que es mi tesoro.
En mis noches siempre brillaba
la lánguida monotonía del silencio,
pero basto con solo oír tu voz
para poder desenredar la madeja.
Ya no quiero perderme en la acera
Ese gris también estaba ceñido dentro mío,
Ahora encontré un motivo
Para dejar mi odisea de volver a ser pirata.
Y en eso apareciste tu,
para borrarme mis ansias de pirata,
en tus ojos se esconde el tesoro
que quiero desterrar para borrar a mi soledad.
Esa sonrisa que cubierta de oro
no me deja pensar ya en salir al mar,
entre tus ojos esta lo que anhelo
ese fulgor verde que es mi tesoro.
Alan Gino
Qué es el color
ellos hablan aunque no entiendas,
porque sé que ellos ven,
saben cuando estás en Hemidreas.
Siente la tristeza en tu reja,
quién te crees que eres para llorar,
si donde yo vivo eso no abunda,
es un mundo observador que nunca saber mirar!
Dime si ves en blanco y negro,
que mi color es producto de esta efimera modernidad,
y ahora te digo lo que veo
es color, pero un mundo de rojo, amarillo y soledad.
Alan Gino
Otoño
donde sueles pisar no es tan firme como parecía,
que los anhelos que sentías no son los mismos
a tu realidad y a tus palabras de fantasía.
Que yo tampoco soy el mismo,
porque el tiempo pasa y nosotros también,
te habrás dado cuenta que en tren no siempre
son los mismos aunque te pares en el mismo anden.
Los árboles me hicieron dar cuenta
que estoy en la pubertad del otoño,
por detrás de la ventana se ve el gris de la cuidad,
mi cama suena como el ocaso en un hospital,
y en cada paso rozo a la soledad.
Ya no hay solventes para borrar tus marcas,
y a ti se te nota que todavía
vives entre la guerra fría,
que te marchitas en tus sueños
y floreces cuando el primer rayo de sol da en tu faz.
La cuidad seguirá en movimiento,
seguiré viendo a través de un sexto piso
hacia la acera por si quizá te encuentro,
pero todas las tardes mi fe se muere
entre las nubes y las caja de metal.
Alan Gino
La Huida
Asoma el alba en la ciudad.
Ella tiene quince primaveras, pocas mentiras que contar, un cuarto con pósters del grupo pop de moda, un diario intimo que archivan fantasías.
Él y sus dieciséis agostos, tiene una nube que robo, un verso de Nirvana que vuela en la habitación, mientras la sueña escribe un poema que luego será suyo.
Ella va corriendo hacia el colegio, llegaba tarde, sólo quería saludar a su príncipe, es la hora del ingreso y él no había asomado en el mástil.
Él se queda dormido de nuevo, llega al colegio al mediodía para saludarla y pedirle disculpas, espera con ansias su vuelta, en la puerta del colegio, necesitaba verla, sentía que el fuego de un dragón le urgía por dentro para decirle que preparaba una huida. Ella sale sabiendo que él la estaba esperando, un mástil y el sol son los únicos testigos de este encuentro. Él le mira sus ojos y ve el mar, ella abraza su carpeta contra su pecho, mientas anémonas de nube acechan la ciudad, él le dice que quiere comparar sus ojos con el mar, ella le confiesa que nunca a oído el rugido de las olas.
El dice que se quede tranquila, la acompaña a casa y le da un beso, el se marcha con la soledad de estar sin ella y la alegría que sabe que su corazón esta en sus manos.
Como cada día la ciudad se paraliza porque él la iba a encontrar, es el mástil que le gustaba ser testigo de esto que era un amor furtivo, él venia con su alma en un pañuelo y con el auto de papá. Ella lo ve y se sorprende, él se baja, le da un beso, le dice “ sube al barco, esta es la huida que te prometí”, ella confía en él, se sube y se marchan en una ruta de cinturas, el pone una música suave y mira al horizonte, ella mira por la ventana, ve árboles que florecen por la primavera, mira hacia el interior del coche y sus ojos celestes de mar se quedan en el rostro de el, queda perpleja, siente que es feliz.
Llegan para la tarde, apagan los celulares, los llamados de los padres empiezan a rugir, ninguno de los dos quieren que este momento lo enchastre cualquier barro, él le dice a ella “este momento es de los dos, que los demás aguanten” y le sujeta la mano bien fuerte, como diciéndole que nunca se vaya a su lado, ella siente como su piel le tiembla.
Él para el auto enfrente del mar, las arenas están desiertas, las anémonas de cielo revolotea por encima del mar. Cae el ocaso del cielo, ella abrazada a los brazos de el mira con profundidad el mar, siente de sus ojos caer una lagrima, el la mira, le roza con sus dedos la mejilla, le quita la lagrima y le pregunta “Qué pasa, amor”, ella le contesta “lo que pasa es que soy feliz”, él le da un beso, se escucha entre los gemidos de las olas como laten dos corazones al compás del amor. Comen algo, entran al auto, ponen música suave, como ella le gustaba, sintieron la sal del mar en el aire, respiraron su riqueza, su melancolía, su novela, su arte. Él mira a ella, siente un sismo en su pecho, no aguanta más su amor, le agarra la mano a ella, le promete que este ocaso nunca va a terminar, ella se pierde en sus palabras, sus ojos que están partidos en millones de cristales solo logra decir unas palabras “contigo soy feliz”, él la besa. El auto se inundo de caricias, la única forma de contaminar eran los suspiros, no valía otra cosa que no sean besos. El único testigo de la huida de estos dos enamorados, quizás mañana los trague el pavimento o quizás en sus cuerpos nazcan olas y nunca desaparezcan la sal que desprenden sus manos, para poder cicatrizar heridas, lo importante es que en este arte que hay en el auto los dos sienten que son felices, y el mar es el único testigo, la luna se tapo los ojos, dio un paso atrás para que ella sea la protagonista de la noche. A las horas salieron del carro, fueron a visitar de nuevo el mar, se quedaron pensando si le dolería a las rocas cuando se enoja el mar, mientras tanto en la ciudad ardían los teléfonos y el azul sin nubes intentaba atraparlos.
Volvieron al auto, después de la cita con el mar, se abrazaron, ella queda en los ojos de el, y el naufrago entre los labios de ella. “Quién fuera poeta para escribir esta historia” dice el, ella que sigue escuchándolo, el le susurra al oído “Para mi corazón bastan tus ojos, para tu libertad bastan mis alas, este fondo no es lo mismo sin ti, hay millones de anocheceres que acaban en ti”
Ella sintió que entre las ramas de los brazos de él se podía proteger del viento, se acomodo a los recovecos del pecho del muchacho y quedo dormida, no podía soñar, ya que el sueño lo estaba viviendo. El se quedo abrazándola, tuvieron una cálida tertulia en los labios de ella.
Sucumbe afuera un sol que la acera quiere ser arena, la arena sueña con ser mar, y su majestad ser lluvia. Allí dentro del auto, los cables se enlazan, la ropa usada de almohada esta en cualquier lado, esta noche se cambiaba una prenda por una cucharada de amor. El se levanta primero, se queda contemplando la belleza de ella, sueña con no dejarla ir nunca, “duermes, que en tus sueños yo quiero ser guardián, por si viene alguien a sacarte de aquí” le dice entre el rumor de las olas, ella se levanta, despeinada como la tierra, pero más reluciente que los Jardines colgantes de Babilonia, ella era la emperatriz del día. Se quedan trenzados entre sus cables mirando el último gesto del mar y se proponen volver al ruido y pavimento. En el viaje él mira el horizonte y mira a ella, sintió que pudo comparar sus ojos, la agarra de la mano, para en una banquina y le dice “tus ojos y el mar ayer los pude comparar, pero yo me quedo con tus ojos, prefiero nadar en los tuyos”. Ella se aferra bien fuerte de su mano, con una lagrima en sus ojos le dice “te amo, contigo soy feliz”, él la besa bien fuerte a ella, ella siente que el volcán en su pecho va a erupcionar.
De vuelta a la ciudad, no esta el rugido de la sal, sólo la lluvia es la que humedece el alma, entre el cemento y los edificios sienten que esta huida se marchito, pero que las flores están abiertas en sus interiores. Él la lleva a la casa a ella, le da un beso y espera que entra, ella con un cierto dejo de temor al llegar a su hogar, entra y estaban los padres desesperados, él va a su casa, siente que su corazón va a estallar cuando llegue y se enfrente a sus padres. Las palabras que difunde el tren no eran capaces de tapar los gritos y golpes que habían en esas dos casas, los viejos le negaron las salidas, los padres no entendían porque se marcharon, a él no le dolían los gritos y mazazos, sino el poder no verla a ella, porque sabia que los viejos de ella eran muy estrictos.
Paso un año de esto, él no vio más a su princesa, se quemaron los poemas, no hay poema si no existe musa a quien se la dedica. Ella que no conocía el mar, vio la primera vez con el, sintió que el mar y sus ojos estaban impresos en una misma hoja.
Cómo puede existir la tierra, cuando dos aves quieren contemplar el cielo.
Se muere otra nube, una ola se rompe con fuerza contra las rocas, sólo quedan recuerdos, gélidas tuercas y tornillos que nunca más fueron cóncavos y convexos.
Ella se pregunto que era estar viva, él en su espacio volaban melodías de nostalgia, quizás el futuro les encuentre, quizás el mar vuela a pintar un cuadro expresionista donde los cuerpos se funden entre si, pero hubo miles de anocheceres que acabaron sin ti.
El presente es moribundo, pero el viento trae un cuadro.
Él para el auto enfrente del mar, las arenas están desiertas, las anémonas de cielo revolotea por encima del mar. Cae el ocaso del cielo, ella abrazada a los brazos de él mira con profundidad el mar, siente de sus ojos caer una lagrima, el la mira, le roza con sus dedos la mejilla, le quita la lagrima y le pregunta “Qué pasa, amor”, ella le contesta “lo que pasa es que soy feliz”.
Alan Gino.
Esta noche vuelvas
Sabias que los días pasan lento,
secando todo a su paso,
hasta la humedad de tu recuerdo
absorbio hasta dejar mi cuarto raso.
Sabias que lo dificil no es un te amo,
sino un perdoname, necesito de ti,
mi camino no se hace de uno,
la acera tiene tu molde,
en su diccionario no existe la lid.
Sabias que cuando acechan los lobos
yo me quedo bajo la sabana
por si aparece tu rostro triste
para poder proteger bajo esta lluvia.
Desde que te fuiste la mañana duerme
y las noches eternas compañeras,
te dí lo que tuve a mi alcanze,
añoro que esta noche vuelvas.
Todo el espectaculo se derrumbo,
los sueños quedaron en stand by,
pero al escribir esta canción
sueño que esta noche vuelvas.
Alan Gino
No te pierdas en ese horizonte ( Letra a un gran amigo)
Te encuentras y te pierdes
de nuevo sin querer recibir ayuda,
estás atado a una roca que se quiere marchar
pero ella es la guia en tu bruma.
El mar rojo se pierde
en aquel horizonte que tu trazaste
,comercializaste tu inpiración
en aquel lavabo donde tu amor aspiraste.
Yo no puedo hacer nada,
si tu no tienes alma
yo no puedo guiarte,
tengo mi mano para que te agarres,
para que no tengas miedo
que en mi puedes treparte,
que no te dejaré caer,
pero no te pierdas en ese horizonte.
Yo no soy Dios para liberarte,
yo no conozco esa dulce locura que tu dices,
no me pierdo en una mirada sin mirar,
no quiero que sientas temor en tus narices.
Tus llagas las quiero curar,
que no has tenido culpa
de la historia que te toco escribir,
que siempre habrá un alma que escuchará.
Yo no puedo hacer nada,
si tu no tienes alma
yo no puedo guiarte,
tengo mi mano para que te agarres,
para que no tengas miedo
que en mi puedes treparte,
que no te dejaré caer,
pero no te pierdas en ese horizonte.
Alan Gino
Módico precio
Una de tantas noches
en las calles de Buenos Aires,
entre champán y risas
ingrese en aquel garito donde
se alquilan besos y caricias.
Me atendió una voz
diciéndome que el cielo tiene precio,
todo era sombrío allí dentro,
mientras que la cuidad quemaba
el alma de los desahuciados.
De pronto una luz cegadora
me invito a pasar a su luna,
me bastó un segundo para descubrir
sus alas, ella me dijo que me calmara,
que el cielo estaba próximo a mí.
Entre el susurro de una canción,
me dijo que hacia mucho que estaba allí,
que quería cambiar su orbita
pero no encontraba todavía su sol,
que el amanecer la dejaba melancólica.
El suspiro de un mar inundaba
los rincones del cuarto,
le pregunté si quería venirse conmigo,
que afuera había razones para vivir,
que una de ellas era construir con un poeta el camino.
Quién iba a saber que por un módico precio,
se iba a encontrar lo que uno anda siempre buscando,
que cuando oscurece en la cuidad
en un garito céntrico hay una luz cegadora como el sol.
Cuánto vale el amor de una noche,
si a veces gastamos más en algo que no es
y yo esta noche me enamoré
por el módico precio de los ojos de una mujer.
Me la quise llevar esa noche,
pero quedo en llamarme otro día,
me dio un beso cálido y se la trago la oscuridad,
yo seguí con algunas risas de compromiso
y champán sabiendo que volvía a mi ebria soledad.
Quién iba a saber que por un módico precio,
se iba a encontrar lo que uno anda siempre buscando,
que cuando oscurece en la cuidad
en un garito céntrico hay una luz cegadora como el sol.
Cuánto vale el amor de una noche,
si a veces gastamos más en algo que no es
y yo esta noche me enamoré
por el módico precio de los ojos de una mujer.
Alan Gino
Yo te sigo amando.
Yo te sigo amando,
aunque pase la vida y tu me niegues,
tu esteraste en mi amor
y ahora te tengo en mis genes.
Yo te sigo amando,
en mis noches frías que paso
en mi morada de mayo,
donde mis sueños de amor no son escasos.
Yo te sigo amando,
en mi barco, en mi mar o en el cielo.
En mi agua bendita que susurra
que tu vuelvas a mi lado que te anhelo.
Yo te sigo amando,
aunque tú ojos de Luna me ignores
como lo hace el Sol a la mar
yo seguiré luchando en mis albores.
Yo te sigo amando,
porque tu medraste en mí locura,
y aunque tu barco no este conmigo
yo te sigo extrañando con mesura.
Yo te sigo amando,
en el lado más bonito del amor
porque tu me hiciste ver la luz
en mis momentos de mucho temor.
Yo te sigo amando
aunque tu seas tiesta en amarme,
en ti nací como persona
y en ti quiero ahogarme.
Yo te sigo amando,
porque te añoro en el invierno,
y aunque tu no lo mires
Dios me dijo que tu eras mi destino.
Yo te sigo amando,
qué importa si pasan abriles sin besarte,
yo con solo pensar en ti
me conformaré con solo mirarte.
Yo te sigo amando,
en el crepúsculo de mi corazón,
donde no hay clima de soledad
porque tu navegas a propia razón.
Yo te sigo amando
porque lo quisiste así
y ahora me tienes enamorado
y no quisiera separarme de ti.
By Alan Gino.
Tu Sal
Llegas a mi como la espuma de mar,
me persigue tu marea, no me deja pensar.
Te encuentrás en lo lejano del horizonte
pero las olas te devuelven al ADN de mi mente.
Aquí el silencio deja ver tu calma,
la naturaleza es sabia, no te deja salir de mi alma.
Quizás esta noche me convierta en arena,
mi sol se apaga, sòlo tu sal cicatriza mi pena.
Estás rocas no pueden prosperar al querer pasar tu portal,
mis ojos tiesos que sufren por tu habita natural.
Alan Gino
Maldito Lunes
Recuerdo que había un programa de televisión que se llamaba Maldito Lunes, se emitía los lunes (vale la redundancia) a partir de las diez de la noche, en cambio el final del mismo era para mi una incógnita que nunca podía descifrar porque el sueño vencía en la escaramuza a mis ojos.
Los lunes siempre fueron malditos, llegan después del pacifico domingo, en realidad empieza asomar el “primer” día de la semana cuando llega el ocaso del color rojo del calendario. En el lunes vuelven las responsabilidades, levantarse temprano, verle la cara de idiota al jefe, padecer los transportes públicos, sentir al infierno mismo cuando te agarra el embotellamiento, lidiar contra el apuro de la gente empeñada en sucumbir a los pies a lo que llaman los expertos la “enfermedad del siglo XXI”.
Pero también tiene su lado positivo el agosto de la semana, son motivos de risas, el lunes juega como periódico para publicar las hazañas y fracasos del sábado, comentar los goles del fulbito del domingo y pensar la cargada para el amargo hincha de River y sufrido de Racing.A mi el lunes me sorprendía con la novedad de que esos bares donde frecuento cierran por melancolía, pero si bien eso provocaba en mí un gran sopor, podía fagocitar ese contratiempo con total holgura, hasta que en ese maldito lunes coincidí contigo…
Una mujer de un par de mayos mas que yo, que sus huellas se tatúan en la arena, de tez blanca y piel fresca y suave como una amapola, dispuesta a regalar sonrisas, de los ojos de color de Luna, frágil como el cristal, resistente con sus ideas como lo hace el sol con las nubes, pero que en su cuerpo se encuentra tal misterio que hasta el propio Indiana Jones moriría por averiguar.
Una vez leí que el amor tiene fácil entrada y difícil la salida, que el amor verdadero es a primera vista yo no creía eso, pero ahora pregunto ¿Acaso existen otros?Desde ese día que espero con total ansias que los casilleros lleguen a las cruces marcadas, eso me avisara que la volveré a ver, aunque sea un simple espectador.Existió una edad de oro cuando el oro no existía, ahora esa época ella lo puede vender con la premisa de satisfacer al cliente.
Volvió a emitirse “Maldito Lunes” a las diez de la noche justo cuando yo salgo de clases. Pura coincidencia…
Alan Gino