Tantos años esperando
la luz para darle fin a este tormento,
tantas actuaciones fingiendo risas
arriba del escenario pensado que era el momento.
Del vino más barato al más caro whisky,
de aquellas barras sucias y camas ajenas
con la cofradía de reproches que encerraban
al alcohol y tanto dinero invertido en mujeres de nadie.
Jamás imagine que lo pensado nunca sucede,
que hay que dejar colgar el alma al viento
y ahí él sólo te llevara a esa luz que contagia
a la luna y manda al eterno letargo al sol.
Y en una noche de exceso rutinario
me deje alumbrar por una luz en la oscuridad,
no recuerdo si ella sabia mi nombre,
pero yo sabía el suyo al imaginarla en mis sueños de soledad.
Entre compases de quién sabe qué,
nuestros cuerpos se enlazaron en música,
para ser sincero, el baile no es mi fuerte,
pero en ella se amoldaba cada nota en su sonrisa.
El humo de flores contaminaba al salón,
aunque se podía divisar bien su figura,
la luz que desprendían sus ojos
clarecían mis tinieblas con total holgura.
Por la luz que concedió en mis pasos
intente con mis manos ahuyentar al frio,
el temporal gélido se esforzaba por apagar
las llamas de lo que busque en vano por tantos años.
Alan Gino
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