Que fugaz se hace el tiempo
cuando de tu mano aprendo a caminar,
y que eterno es cuando te alejas,
en esos momentos te quiero raptar y llevar al mar.
Tan sólo son horas por semana,
puñados de minutos en que soy feliz,
en las que cierro mis pupilas
y cuando abro me doy cuenta que estás tú ahí.
En la sinceridad de tus palabras
me quiero sumergir, perderme en tu espejo azul,
quedar hechizado allí y no escapar,
que sientas que en tu ocaso yo te doy luz.
Entre tus manos posees mi corazón,
no deseo que me consideres cursi,
pero este poeta que habla con el alma
anhela que tú seas sus alas, y espero que sea así.
Ni habla de la melodía que desprende
tu voz en la mañana, en la tarde o en la noche
donde los corazones se debilitan
tú lo haces arder al compás de tus mil soles.
Sé también, rubia, que escondes veneno,
aunque asumo el riesgo, antes muerto
al saber que estás y no conmigo,
el crecer es fuerte y más estando contigo.
Alan Gino
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